INVIERNO CALIDO

El pequeño ayudante empezó a temblar..., aquella tarde de invierno era cruel y sus brazos flacos de niño se quejaban en silencio. El maestro pintor despojándose de su cobertor se acercó a él, y abrigándole miró fijo hacía sus ojos y dijo: ... "vamos a casa".
(...) Trabajamos arduo aquel día, las fachadas del restaurant estaban impecables y al terminar la faena sentados entre las mesas él maestro pintor pidió el mejor plato, pero solo obtuvo el desden en la mirada de aquel propietario que solo atinó a decir "cuesta doscientos intis". El maestro pintor curvó las cejas sentenciando aquella frase que acompaña mis dias: "He pedido lo mejor de la carta para compartirlo con mi hijo, eso no tiene precio".

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